
BTS en el Zócalo, UFC en la Casa Blanca. Bienvenidos al nuevo manual de la política.
Por Edson Báez
Este miércoles 6 de mayo pasaron dos cosas al mismo tiempo en el mundo.
En Ciudad de México, Claudia Sheinbaum anunció en su mañanera que BTS saldría al balcón de Palacio Nacional. En menos de seis horas, 50 mil personas llenaron el Zócalo. El corazón político de México convertido en un estadio lleno de fans.
En Washington, Trump recibió a peleadores de UFC en la Oficina Oval y anunció una pelea en el jardín sur de la Casa Blanca para el 14 de junio. El presidente de la primera potencia mundial vendiendo un evento de combate desde el despacho más poderoso del planeta.
Esto no es nuevo. Solo es más obvio.
En 1967, el filósofo Guy Debord ya lo había visto venir. Escribió que el espectáculo no es un conjunto de imágenes — es la relación social entre personas mediada por imágenes. Lo que importa no es lo que ocurre. Es cómo se ve lo que ocurre.
Casi veinte años después, Neil Postman lo tradujo al lenguaje de todos en Divertirse hasta morir: la política dejó de ser un asunto de ideas para convertirse en un asunto de audiencia. Lo escribió en 1985, pensando en la televisión. Hoy suena a manual de TikTok.
Sheinbaum no invitó a BTS por accidente.
Esa mañana coordinó al Secretario de Educación para que llamara a los fans a asistir. Activó un operativo de 50 mil personas en horas. Y luego — con una elegancia comunicacional notable — dijo que no había que politizarlo.
Esa última frase es la más política de todas.
Cuando un líder dice “esto no es político”, casi siempre es porque ya consiguió el efecto que buscaba. 50 mil jóvenes en el Zócalo, emocionados, agradecidos, con la cara de su presidenta en el mismo balcón que sus ídolos. Eso no tiene precio en pauta publicitaria.
Trump lleva años jugando el mismo juego, solo que más sucio y más ruidoso.
No apareció con UFC esta semana por casualidad. Lleva años construyendo presencia donde la política formal no llega: el wrestling, los podcasts de hombres, los streamers, los estadios de MMA. Mientras sus adversarios escriben editoriales, él aparece donde está la atención real de su base.
No es caos. Es una lectura fría y precisa de dónde vive la audiencia que le importa.
Entonces, ¿estamos ante la degradación de la política o ante su versión más honesta?
Tal vez la política siempre fue espectáculo. Los romanos tenían pan y circo. Los reyes medievales tenían torneos y coronaciones. Los caudillos latinoamericanos tenían plazas y multitudes. Lo que cambió no es la operación — es la velocidad. Hoy los 50 mil del Zócalo son tendencia mundial antes de que acabe el día.
El que entiende eso gana. El que lo condena desde la tribuna moral sigue perdiendo.
