Los “Defensores de México” y el error que el PRI no ve

Por Edson Báez
Hoy el PRI hizo lo que sabe hacer cuando no sabe qué hacer: un acto. Banderas, discurso, nombres y una figura coordinadora que genera más preguntas que respuestas. “Alito” Moreno presentó a sus “Defensores de México” — cincuenta perfiles para las diecisiete gubernaturas en juego en 2027 — y al hacerlo, reveló sin querer el problema de fondo que arrastra la oposición tradicional en México: sigue pensando las elecciones locales desde una lógica nacional.
La estrategia paraguas tiene una lógica comprensible. Un mensaje único, una narrativa centralizada, una marca que agrupe a todos los candidatos bajo el mismo concepto. En teoría, eficiencia. En la práctica, el primer paso hacia la derrota.
Las elecciones de gobernador no se ganan en la Ciudad de México. Se ganan en los fraccionamientos. El votante de Quintana Roo — donde el PRI presenta a Filiberto Martínez, Cora Amalia Castilla y Leslie Hendricks como sus perfiles — no vota por una narrativa nacional. Vota por lo que ve en su calle, lo que siente en su bolsillo y lo que escucha en su colonia. Una campaña diseñada desde Insurgentes Sur llega tarde, llega fría y llega sin contexto.
El segundo error es de comunicación: sumar a Rosario Robles como coordinadora de la “Defensa Ciudadana”. Más allá de las consideraciones legales y políticas de su figura, el mensaje que proyecta hacia el votante escéptico — ese que la oposición necesita reconquistar — es el opuesto a la renovación. No se puede construir una narrativa de cambio con piezas que el electorado ya rechazó. Las encuestas son implacables con los perfiles de alto rechazo: un coordinador con mala imagen no contamina solo su figura, contamina a los candidatos que coordina.
El tercer problema es estructural: el PRI quiere construir coalición sin tener qué ofrecer a sus posibles socios. PAN y Movimiento Ciudadano ya le dejaron claro que no ven cabida para una alianza con el tricolor, y sin embargo Moreno insiste. El problema no es la insistencia — es que negociar desde la debilidad nunca produce buenos acuerdos. En términos electorales, un PRI que mendiga alianza es un PRI que ya le dijo al votante que solo no puede ganar.
¿Qué le falta? Territorio real, no operadores nombrados desde un atril. Perfiles locales con identidad propia, no figuras empacadas desde el centro. Y sobre todo, una lectura honesta de sus propias encuestas: el PRI enfrenta un riesgo de colapso estructural que difícilmente se resuelve con un cambio de nombre de campaña si no viene acompañado de nuevos liderazgos, nueva narrativa y una estrategia construida desde los estados, no para los estados.
El 2027 va a ser una elección de evaluación ciudadana. La gente va a votar sobre lo que vivió, no sobre lo que le prometieron. Y en ese escenario, llegar con cincuenta “defensores” coordinados por una figura cuestionada y un mensaje diseñado en la capital no alcanza. El que hace la pregunta correcta controla la elección. Hoy el PRI hizo un acto. Los otros, mientras tanto, está construyendo respuestas.
Edson Báez es estratega y consultor político.
