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El PRI barrió en Coahuila. ¿Triunfo histórico o ilusión óptica?

El PRI barrió en Coahuila. ¿Triunfo histórico o ilusión óptica?

Por Edson Báez

Este domingo 7 de junio, el PRI ganó las 16 de 16 diputaciones locales en Coahuila. Carro completo. Alito Moreno salió a presumirlo como si hubiera ganado la presidencia. Morena salió a denunciar compra de votos con códigos QR. Y el resto del país volteó a ver Coahuila como si ahí estuviera pasando algo extraordinario.

Pero, ¿realmente pasó algo extraordinario?

Los números primero.

La coalición PRI-UDC obtuvo 684 mil votos, el 55% de la votación total. Morena-PT quedó en segundo lugar con 325 mil votos, representando el 26%. A primera vista, aplastante. Pero la comparación relevante hay que hacerla con cuidado.

En 2023, el PRI no fue solo: arrastró al PAN y al PRD en coalición, y entre los tres juntaron 680 mil votos, el 52.8% del total. Morena por su lado sacó 338 mil (26%), y el PT otros 112 mil (8.75%) corriendo por separado.

Ahora sí: en 2026, el PRI fue sin el PAN, y aun así subió a 55%. El PAN en solitario se desplomó a menos del 3% — básicamente desapareció. Esos votos no se evaporaron: migraron al tricolor. El PRI no solo mantuvo su piso, lo amplió. Eso sí merece atención.

El desfase como escudo.

Coahuila es el único estado que vota solo, en año non, desconectado del calendario nacional. Eso no es casualidad ni capricho administrativo: es el principal activo estratégico del tricolor. El histórico desfase le permite al priismo estatal maximizar el peso de su voto duro y estructura territorial, en un contexto donde el abstencionismo suele superar el 50%.

Cuando la elección se nacionaliza, Morena gana. En la elección federal de 2024, Morena y sus aliados obtuvieron en Coahuila el 53.7% de la votación total contra un 38.8% de la coalición PRI-PAN-PRD. El mismo estado, los mismos votantes, resultado opuesto. La diferencia es que en 2024 había agenda nacional, polarización presidencial y movilización masiva. En una elección local de diputados en año sin ruido federal, vota el que tiene razón para ir a votar — y ese es el voto duro del PRI.

Este año, la participación llegó al 51%, significativamente más alta que el 39% de la elección de diputados locales de 2020. Ese aumento no le benefició a Morena — lo absorbió el PRI. Señal clara de que su estructura territorial funcionó mejor que en ciclos anteriores.

¿El PAN le prestó sus votos al PRI?

Esta es la pregunta más interesante de la noche. En 2023, el PAN fue en coalición con el PRI y juntos arrasaron. Esta vez compitió en solitario, luego de que su presidente nacional, Jorge Romero, anunció formalmente el fin de su alianza con los tricolores. El resultado: menos del 3% de los votos, por debajo del umbral para obtener plurinominales. Un partido que se evaporó electoralmente.

¿Dónde fueron esos votos? Todo apunta a que migraron al PRI. No por amor al tricolor, sino por algo más poderoso: el voto útil anti-Morena. En Coahuila, el votante de oposición tiene muy claro quién puede frenar a Morena. La ruptura de la alianza nacional no se tradujo en ruptura del elector. El panista coahuilense votó con más cabeza que su dirigencia nacional.

¿Se polarizó la elección?

Sí, pero de una manera particular. No fue la polarización ideológica que vemos en elecciones federales. Fue una polarización territorial y de identidad: Coahuila vs. el gobierno federal. El PRI logró posicionar el voto como una defensa del “modelo Coahuila” — seguridad relativa, inversión, estabilidad — frente a la agenda de la 4T. Alito afirmó que los coahuilenses dejaron claro que “aquí no quieren abrirle paso a los narcopolíticos de Morena”. Lenguaje agresivo, deliberado, diseñado para que el voto fuera un acto de rechazo tanto como de apoyo.

Morena no supo — o no pudo — contrarrestar esa narrativa en un terreno local. Sus denuncias de compra de votos llegaron tarde y sin contundencia suficiente para mover la aguja.

¿Entonces qué significa esto realmente?

El PRI creció en voto propio, sin muletas, en su último bastión. Eso no es poco. Su estructura territorial sigue siendo la más eficiente del país en su territorio, y demostró que puede absorber al votante de oposición cuando el marco es el correcto.

Pero Morena tiene tiempo y tiene agenda. En 2027 van por las alcaldías de las ciudades más importantes, y en 2029 por la gubernatura. En esos comicios no habrá desfase que proteja al tricolor: habrá movilización federal, narrativa nacional y todo el aparato de la 4T empujando. El laboratorio ya está corriendo.

El carro completo del PRI es real. Y ahora también lo es la amenaza que viene.