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Quintana Roo, en el tiempo de las encuestas

¿Has visto encuestas últimamente? En Quintana Roo la guerra ya empezó, pero pocos están entendiendo el juego real.

Quintana Roo, en el tiempo de las encuestas

Por Edson Báez

¿Has visto alguna encuesta últimamente? Si vives en Quintana Roo o sigues de cerca la política local, seguramente tu “feed” de redes sociales y los grupos de WhatsApp están inundados de gráficas, porcentajes y logotipos de consultoras que, hasta hace un par de meses, nadie conocía.

La guerra de las encuestas ya empezó. Y no se limita a la carrera por el estado; ha bajado a los municipios con una gran fuerza. Pero, antes de dejarnos deslumbrar por los números, vale la pena detenerse a pensar: ¿Por qué ahora?, ¿qué es lo que realmente están ganando los actores políticos?, ¿son piezas de ajedrez o simples fuegos artificiales?

Para entenderlo, hay que dejar de ver la encuesta como un reflejo de la realidad y empezar a verla como lo que es en esta etapa: una herramienta de consolidación narrativa.

Tomemos el caso de Gino Segura. Lleva meses en un despliegue constante, promoviendo atributos de “cercanía” y, de manera muy marcada, vendiéndose como el morenista más morenista. ¿Por qué ese empeño? La respuesta lógica es que alguna encuesta interna —de esas que nunca ven la luz— le avisó que la gente no lo vinculaba orgánicamente con el partido. El diagnóstico dictó la medicina: sobreexposición de identidad partidista.

Ahora, Gino ha pasado a una fase de consolidación. Las encuestas que sí salen, las que inundan los medios, son las que lo ponen como puntero indiscutible, como el personaje con más aceptación para la gubernatura. Necesita que la percepción de “inevitabilidad” se instale en el imaginario colectivo. Necesita que el círculo rojo y la base lo vean como la única opción real, porque sabe que hay otros intentando vender la idea contraria. ¿Son reales sus números? Algunos sí, pero la mayoría son instrumentos para cerrar filas.

En la otra esquina está Rafael Marín Mollinedo. Su estrategia parece ir a contracorriente de la de Gino. Está intentando elevar su conocimiento basándose en atributos de “fundador”, “cercanía con los altos mandos” y “resultados tangibles”. Sin embargo, está usando las encuestas como un posicionador – más que como estrategia como una respuesta a las encuestas de Gino -, cuando, en este caso, servirían para consolidar una idea que ya existe en el territorio. Eso sí, la estrategia de Marín siempre ha sido más encaminada a tocar los círculos rojos, y lo sigue haciendo.

En una batalla de “quién la tiene más alta”, Mollinedo va a perder frente a la maquinaria de Gino. Su jugada no debería ser decir que está arriba; nadie se lo cree y, por lo tanto, no hace daño. Su verdadera oportunidad estratégica está en venderse como el caballo que más crece, el que está llegando. Si acompaña esa narrativa de crecimiento con sus resultados tangibles, genera una percepción de peligro para el puntero. Pelear por el primer lugar en una gráfica hoy es un error; pelear por la tendencia de crecimiento es una estrategia.

Mientras tanto, en Benito Juárez, la fiebre ha llegado a niveles cómicos. Caminas por Cancún y parece que todos son punteros. Todos son el “hombre mejor posicionado” o la “mujer con más intención de voto”. Los políticos están sacando encuestas como quien saca volantes, sin leerlas, sin entender si son reales y, peor aún, sin usarlas para lo que realmente sirven: establecer un momentum.

Imaginemos, a un funcionario en Cancún que decide dejar el ego de lado. Un perfil con una base sólida, que en lugar de pagar por una gráfica que lo ponga en primer lugar, pide una encuesta real.

Este funcionario mide su conocimiento, pero también mide el estado de ánimo de la gente. Se da cuenta de que la ciudadanía está cansada de la narrativa oficial, que hay una fatiga respecto a la gestión de la seguridad y que existe una coyuntura local, que nadie está atendiendo. Con esa información, no sale a decir que es el “puntero”. Sale a ocupar el vacío de liderazgo que los datos le mostraron. Usa la encuesta como un GPS, no como un trofeo.

Ahí es donde se gana la partida. Porque en política, la encuesta no es la meta, es el mapa. Quien la usa para alimentar su vanidad, termina perdiéndose en el camino; quien la usa para entender la grieta en la armadura del rival, es quien termina dando el golpe definitivo.

La guerra de las encuestas en Quintana Roo apenas comienza, pero recuerden algo: en este juego, no gana el que tiene el número más alto en la gráfica, sino el que sabe qué hacer con el silencio que hay entre los datos.